Pensé mucho antes de escribir estas líneas que siguen. Tomé la decisión de hacerlo porque como mujer periodista amante de la red y las relaciones constructivas que se tejen en ella, siento la necesidad de hacerlo. Escribo como Renata Cabrales, y esa es mi primera aclaración. No lo hago como reportera o editora de la página web del diario El País. Creo, como todos los que opinaron sobre el caso de la omisión del crédito en la fotografía de “Mariacecita”, tomada por El País de su espacio en Flickr, que tengo derecho a expresarme. Pero también el deber de hacerlo “constructivamente”, como sugiero que deberíamos actuar todos los bloggers, no solo de Cali, sino del mundo entero. Veo un claro desconocimiento o ignorancia de algunos colaboradores de El País, en lo que se refiere a las licencias Creative Commons. Y lo único que me atrevo a decir es que es un tema que les preocupa. Tanto así que en días pasados rodaron comunicados sobre el tema. Las preocupaciones y voces de protesta por el error cometido por El País son apenas justas. Sientan un precedente claro del desconocimiento que hay sobre la temática, y diría que no únicamente en licencias CC, sino en muchísimos aspectos más que se mueven en la red, y no sólo en El País, sino en distintos medios de comunicación del mundo.
Todos, en algún momento nos hemos equivocado en nuestras actuaciones en la red. Lo hizo The Guardian, al publicar un post dando por hecho que lo había escrito Carlos Gaviria, del PDA, lo cual resultó falso y motivó una discusión política en Colombia. Lo peor, se equivocó y no lo corrigió. Simplemente eliminó el link del post. Lo han hecho grandes imperios como Youtube, cuando al darse cuenta que un estudiante mató a ocho personas en una escuela en Finlandia, bajó inmediatamente el video y luego eliminó la cuenta del joven, que desde hacía varios meses venía subiendo fragmentos audiovisuales donde mostraba sus deseos racistas de aniquilar medio mundo. Todos tenemos derecho a fortalecer nuestros pensamientos e ideas en la red, pero ¿qué tan responsables estamos siendo al hacerlo? Creo que era apenas justo que en el caso de “Mariacecita” se levantara una voz de protesta, y que bloggers como Carlos Caicedo explicaran detalladamente sobre las licencias en cuestión. Y que el autor o autora de un blog como cafeguaguau.com subiera tan instructivo y creativo video sobre las licencias, que no sólo educa a El País, sino a muchos medios del mundo. También que desde un inicio bloggers como Vic407, Ranaberden, Irenishii (con un blog en El Tiempo), entre otros, y la misma Mariacecita, lo hicieran a la altura, con decencia, indignados, pero siempre en buenos términos. Muy acertada la frase de Ranaberden afirmando que era “lamentable que los últimos en enterarse de que existen licencias que protegen los derechos de autor sean los medios de comunicación”. Así como también la de Mariacecita aclarando que lo que quiere “es que esto se convierta en algo lúdico”, no en el “memorial de agravios” que parece que alcanzó a redactar un blogger. Agregando que su intención “nunca ha sido $$$”. De resaltar también la posición de Víctor Solano, quien hizo un detallado seguimiento al caso y expuso importantes reflexiones al respecto, diciendo que “la lesión tampoco la sufre El País, sino todo el país, todos los medios que deben erigirse como modelo a seguir”. Destaco además un llamado de atención que el comunicador Solano le hizo a “Sandunga”, quien agredió a otro usuario de su blog, diciéndole que “Canadá debería incrementar los controles para evitar que descerebrados como alias schlecter/señor oscuro/scaramanga/marioneta, y demás personalidades psicóticas de este imbecil parásito, ingrese a uno de los mejores países del mundo”. Todos los que amamos la red y nos apropiamos de ella, sabemos que hay de todo, “como en la viña del Señor”.
“Lo que hay que hacer es joderle la vida a El País”, afirmó 'juanfer2k'. Atrás no se quedó 'de do pingue’ que agregó “muchos hampones. Sigue la ‘hamponería’ editorial”.
David Marín lo catalogó categóricamente como un “robo”. Y ni que decir de ‘die9ol’ que les dijo “muchos doble hp's”.
El trabajo en un medio de comunicación es bastante acelerado y estresante, y muchas veces sus colaboradores publican sus informaciones, como afirma el académico Ramón Salaverría, "más preocupados por el reloj que por la verdad y el diccionario"; en este caso, que por las licencias CC, lo cual no los excluye de su error.
Creo que quienes han trabajado en medios lo han vivido. Que lo diga mi amiga Molly Parker que hasta hace algunos días trabajó casualmente en El País, y además, estaba enterada del desconocimiento de algunos diseñadores del impreso sobre licencias Creative Commons.
El País asumió su error a través de un comunicado. Rectificó un día después, pero lo hizo. No sé si su respuesta sea “estupida”, como lo afirmó 'nirvanaheart'.
Aquí lo importante y es mi llamado de atención, es que los medios de comunicación entiendan que se deben respetar y valorar, no sólo las licencias Creative Commons, sino todas las manifestaciones constructivas que envuelven la red, que juntos, bloggers y medios, podemos formar un “buen matrimonio”, basado en el conocimiento y las ideas creativas.
Que nos necesitamos los unos de los otros. Que los dos, trabajando con compromiso y responsabilidad, podemos construir una sociedad más incluyente, más participativa, en la que todos, por poca o mucha experiencia que tengamos, siempre, en algún momento de nuestras vidas tendremos algo que aportar.
Aprovecho otra frase de Víctor Solano para cerrar mi reflexión: “Miren los créditos de las fotos 1, 2 y 3. Hay más, pero con esto es suficiente”. ¿Verdad que si Molly?
Compañeros, debemos aprender a saber cuándo es suficiente, tomar un respiro y autoregularnos, porque como dice el blogger español José Luis Orihuela, a quien cité en una ponencia que hice recientemente en México sobre censura y libertad de expresión: “si no somos capaces de asumir que la escritura pública y la vida en las comunidades en línea conllevan responsabilidades, no faltara quien venga desde fuera con la intención de imponer una norma, que desde luego, no nos traerá más libertad”.
José Luis esperaba el turno de su ponencia. Y aunque no me acuerdo de qué hablábamos, tomé distancia cuando se acercó Stephen. Y fue en ese momento, en el que no sentía que tuviera algo valioso que decir o hacer, cuando vi a Socorro Mendoza Aguirre.
Sola, frente a su mesa y un ramillete de libros de la editorial Plenitud, esperaba con ansias que alguien se le acercara. Su pequeño 'stand' parecía no haberse ganado el honor de estar entre los 'mejores'. Planeta, Pearson, Santillana, entre muchas más, se situaban muy lejos de su vista, la misma que Socorro fue perdiendo con el correr de los años.
Con sus 80 encima no le tiene miedo a nada, mucho menos a la oscuridad en la que vive y en la que mínimamente ve figuras de gente que viene y que va.
Más de seis títulos hacen parte de su producción literaria, la que empezó a construir a los 14 años. Química Farmacóloga de profesión, con más de 60 diplomados cursados, se pegó de la poesía como una forma de transmitir la alegría y la pasión que siente por la vida.
Ella que no siente tristeza por nada, y que pareció sentir la mía, me contó que con una mano presiona el teclado del computador, mientras que con la otra sostiene una ultra lupa, con la que apenas alcanza a ver las letras.
Le compré su última publicación 'Una luz entre la oscuridad'. ¿Desea que se la firme señorita?, me dijo repleta de emoción.
"Espero que al leer este libro, encuentre la felicidad, la alegría y la dicha que todos merecemos". Para escribir la dedicatoria recibió la ayuda de la joven que entregaba equipos de traducción a cambio de tarjetas de identificación durante el III Congreso Internacional de Periodistas.
"No ve nada, únicamente sombras", me recalcó la ayudante que se consiguió.
Socorro Mendoza Aguirre no atrae seguidores a punta de firmas, tampoco goza de la fama y estrategias de promoción que grandes editoriales brindan a autores como Héctor Abad, Germán Castro Caycedo, Laura Restrepo y Alfredo Molano.
Ella, desde su rincón, con un vestido que parece un jardín y frente a una mesa de mantel rojo, pide que cualquiera le lea un "pedacito" de sus poemas. "¿Cuántos misterios encierra la noche?, le leí. ¿Cuántos secretos trata de ocultar?, me respondió.