Hace poco me compré unas pastillas para adelgazar. Me atacan los nervios y eso no me gusta. Me aceleran y me provocan una sed incontrolable. Lo hice, porque la mayoría de las veces, me siento gorda. El espejo y mis primas esculturales dicen que me sobran rollos en la barriga. Y estoy convencida que con estos brazos tan gordos, no debo usar blusas escotadas. Es más, creo que tengo invasión de celulitis.
De adolescente no me salieron tantos granitos en la cara, como los que tengo ahora. Y los dedos de los pies, lo único feo que le saque a mi mamá, porque ella es muy linda, son gordos y cabezones. Los de las manos me gustan más, aunque las uñas me crecen raras por habérmelas comido tanto.
Me gustan mis senos. La naturaleza fue bondadosa conmigo dándome un par que no se han caído mucho a pesar de los años. Percibo que soy una mujer inteligente, arriesgada, perseverante, visionaria, pero con un genio difícil. No todo puede ser color de rosa.
Por eso es mágico que alguien con quien has cruzado pocas palabras te escriba una carta diciéndote algunas cosas, vainas que pensabas que no inspirabas. Les comparto sólo un párrafo de éstas. Imagínense el resto:
¿No es tu cuerpo la más perfecta obra de arte, esculpida por el más diestro creador? ¿No es tu piel la creación de mayor perfección que la naturaleza haya dado en los largos años de historia humana? ¿No son los dedos de tus pies la mayor muestra de perfección, como la que utilizan los suizos en la fabricación de sus relojes? ¡Esos diminutos dedillos muestra de la más sana femineidad! Ese ingenio creativo, tan poco explotado por las personas de tu género, ¿no es una obra de arte comparable con los genios del renacimiento europeo? ¿Vuestros senos no yerguen como dos efemérides griegas invitando a la más desaforada bacanal dionisiaca? ¿Es difícil intuir la calidez y sencillez de tu campo de amor, donde el iracundo se doblega y el parco encuentra su mayor furor?...¿No son estos los argumentos para decir que el arte se vale por sí mismo como vuestra personalidad y vuestro cuerpo ante los embates de la cotidianidad?
Sí, desde hace mucho tiempo he deseado decirte todas estas palabras pero el temor a ganarme un insulto me lo ha impedido.
Ayer me dí una pequeña ronda por algunos pesebres de Cali. Del barrio Flora al corregimiento Los Andes, en el sector rural de Cali, hay un abismo.
En La Flora, el pesebre brillaba por su perfección, sincronización, proporción y belleza estética. Cada detalle fue pensado milimétricamente. Las dos organizadoras, Bertha y Sonia olían rico. En el aire se respiraba un clima de pulcritud, aunque húmedo, tal vez por la presión que se siente, a veces, dentro de una Iglesia.
Ellas, muy animadas me contaron que para crear ese hermoso pesebre no tuvieron que hacer rifas ni bingos. Fueron suficientes los seis años de ahorro conseguidos a través de los fieles del templo Cristo Resucitado. Hasta ayudante tienen, uno que sabe de conexiones eléctricas e hidráulicas, y que no permite que se vean cables rodando por ahí, expuestos a la visión de los visitantes.
"Este pesebre es fiel a las tradiciones mijita. Usted aquí no va a ver aviones ni trenes en medio del desierto", dijo Bertha, "así como tampoco va a encontrar escaleras que no tienen principio ni fin, donde la gente tendría que arrojarse", complementó Sonia.
Y es cierto, era perfecto. Un pesebre así, de unos cinco metros de largo por seis de ancho, puede costar hasta 15 millones de pesos.
Pero más al oeste, después de los lujosos edificios donde viven los personajes más adinerados de Cali, y tras pasar el hermoso Zoológico con el que contamos, más allá del control de la Crema y Roja, hay una vereda llamada Los Andes, donde el panorama cambia de la tierra al cielo.
Allí, en la caseta comunal de Los Andes, décenas de niños y jóvenes, impulsados por el grupo de la Tercera Edad de ese sector, construyeron sin un peso, sólo con las ganas y unas vaquitas, galllinas y marranos, que pidieron de casa en casa, el pesebre más lindo de Cali, por lo menos, para mí.
"Casilda Fabiola Martínez, pa' servirle", fue el saludo inicial de la principal impulsora de El Paraíso, así lo llamaron, el único de los que visité que tenía nombre propio.
El Paraíso no es tan grande como muchos creen, tiene, si acaso, un metro de ancho por largo, y cerca a él se respira un aire a boñiga, a monte, a naturaleza.
Tiene muchos animales "porque este es un pesebre basado en el campo", dice Casilda, mientras me explica que todo "fue hecho a mano, nada comprado, ¿con qué plata mija?"
Sesenta niños van a diario a rezar la novena, al lado del pesebre, al que también le "metió" la mano, Liliana, Susana, Janeth, Diana, casi todos los de por ahí.
La lucecita que se asoma en el portal donde nacerá el Niño Jesús, fue hecha por el papá de Janeth, quien se gana la vida haciendo arreglos eléctricos. "Mija, apunte, eso es muy importante, porque aquí nadie cobró por nada y, tenga en cuenta, que si no ve a Jesús allí es porque no ha nacido. La mayoría lo pone antes".
Las casas fueron hechas en cartón reciclable porque "si los campesinos no cuidamos la naturaleza, mucho menos los de las ciudades", señala Casilda.
Arriba de El Paraíso estaba El País, más bien, retazos del periódico El País, que fueron empleados como base para pintar las estrellas, grandes, de un azul intenso.
Los niños estaban contentos, es que la gente "importante" casi no los visita. Al final, Casilda, hizo lo que los demás no. Me deseó una "Feliz Navidad". Definitivamente, de La Flora a Los Andes, hay un abismo.
Ayer asistí a la primera novena de mi familia. Fue en la casa de mi tia Fabiola, una de las tías mayores, la más consentidora de todas. Programamos la 'chiva' de este año, el amigo secreto y la fiesta del 24.
La de ayer fue muy particular. Mi prima Dufay, quien es docente en un reconocido colegio de Cali, fue la encargada de rezarla.
Pronunció frases que nunca habíamos escuchado, la oración a San José no era la tradicional, como tampoco la del Niño Jesús. Habló de violación de los derechos de los niños, y conto cómo algunas madres colombianas los maltratan, colocándoles las manos sobre una estufa caliente, cosa que es verdad.
Dio un sinúmero de cifras de niños abusados sexualmente y pidió que Dios ilumine a los padres para que guien y cuiden a sus hijos.
No faltó quien reclamara que esa no era la novena tradicional. "Dufay se enloqueció", "Esto qué es", "No me gustó esa novena", fueron algunas de las expresiones que se escucharon al lado del pesebre.
A mí me gustó. Las novenas se habían vuelto la repetidera de la repetidera. "!Oh Santísimo José, esposo de María y padre putativo de Jesús!..."
Y es que eso es lo que le falta a la Iglesia, renovarse, reinventarse, ponernos a pensar. De nada nos vale repetir y pedirle al Niño Dios por los divinos méritos de su infancia, si no hacemos algo para que los niños de Colombia puedan vivir dignamente sus primeros años de vida.
Los colombianos no olvidan sus tradiciones, muchísimo menos si es época de Navidad. Las familias arman sus árboles y pesebres, inclusive, desde antes de que llegue el mes de diciembre. Niños, jóvenes, padres y abuelos, colaboran en su elaboración.
Recordemos que alrededor del pesebre, se celebra la Novena y se cantan los inolvidables villancicos, los que van desde el cantico universal Noche de Paz hasta los creados genuinamente por autores nacionales, como el titulado "Mamá, dónde están los juguetes", que trata de un niño humilde al que el Niño Dios no le lleva regalos.
Y es precisamente el Niño Dios quien le alegra la vida a los infantes colombianos. ¿Qué te trajo? preguntan todos el 25 de diciembre, que es la fecha en la que reciben sus regalos.
Pero es realmente el 7 de diciembre cuando comienzan las celebraciones navideñas, día en que se lanza el tradicional alumbrado que arropa desde las ciudades más importantes de Colombia hasta las poblaciones más humildes, así como el día de las velitas, caracterizada por la reunión de amigos, vecinos y familiares, quienes unidos prenden velas para rezarle y agradecerle a la virgen María por tantos favores.
Con el alumbrado público se lucen las ciudades más importantes del país, empezando por Bogotá, la capital de Colombia, que viste sus principales calles de fantásticas luces, faroles, velas, adornos, serpentinas y bombillas. En Cali, tercera ciudad colombiana, por ejemplo, el río Cali es bañado por luces de distintos colores en gran parte de su recorrido.
"Que esta Navidad no me engorde", dice más de un colombiano en época decembrina, pues el menú navideño es bastante provocador. Buñuelos, arroz con leche, natilla, hojaldres, desamargado, manjar blanco, brevas y todo tipo de frutas caladas, son delicias imposibles de rechazar.
Y no hay que olvidarse del gusto por el baile. Muchas familias acostumbran a rotarse la Novena, con el fin de fortalecer los lazos afectivos y, por qué no, de tomarse unos traguitos de aguardiente y de 'azotar' (bailar) baldosa un ratico, después de cada rezo.
En los pueblos de Colombia, la Navidad se vive con mayor intensidad, pues las creencias religiosas son muy fuertes. Una de las más arraigadas tradiciones de estos pueblos es la llamada Misa de Gallo, que debe su nombre a que un gallo fue el primero en presenciar el alumbramiento y se encargó de anunciarlo al mundo.
La Misa de Gallo se celebra en la noche del 24 de diciembre a las 12:00, recibiendo el día de la Navidad, en conmemoración del nacimiento de Jesús.
Es también en los pueblos donde el menú navideño es más variado. Tamales, Sancocho de Gallina, Lechona (Cerdo), Mamona (Ternera a la Llanera), son algunos de los platos típicos que se consumen en esta época.
La fiesta de fin de año también es muy importante para los hogares. 5,4,3,2,1 gritan al unísono todos los colombianos para despedir los doce meses anteriores. Besos, abrazos, llanto, y hasta las más cómicas expresiones son repetitivas este día.
"Las campanas de la iglesia están sonando, anunciando que el año viejo se va. Una linda viejecita que me espera en las noche de mi eterna Navidad. Falta cinco pa' las doce, el año va a terminar, me voy corriendo a mi casa, a saludar a mi mamá", dice una tradicional canción de fin de año.
Hay muchas costumbres alrededor de este día. Hay quienes un segundo después de las 12:00 p.m. salen corriendo a darle la vuelta a la manzana con maleta en mano, pues el mito dice que así se viajará todo el año. Otros, utilizan en la mesa lentejas, que son sinónimo de prosperidad, mientras que algunos más, comen doce uvas y con cada una piden un deseo.
La cena navideña se compone de pavo, carnes frías, y el dulce que no puede faltar. Y es que así somos los colombianos, muy dulces.
Texto escrito para mi amiga y periodista argentina Evangelina Quiroga
No tengo ni idea quién escribió y compuso la canción del siguiente video. La escuché por primera vez hace exactamente un año. La tarareo Aristides López, nacido en el Valle de Upar, amigo de mi padre, docente y amante del vallenato, quien con el ánimo de hacernos reir nos cantó un fragmento.
Pero, ¿qué sera a lo que los costeños no le sacan cuento?, incluyendo tragedias, como la que narra la canción. Para la muestra un botón.
El intérprete es un cuentero barranquillero, fiel representante de la cultura costeña. Escuchen como le suena el "ajuaaaá", típico en las parrandas de los pueblos, caseríos y barrios populares de la costa caribe colombiana.
Eustorgio Mazzenet murió de 98 años. Unos meses antes perdió la memoria, aunque cuentan que tuvo momentos de lucidez. 'Mazze', como lo llamaban algunos familiares y amigos, fue un brillante juez, político, y en sus últimos años de vida profesional, le entregó sus esfuerzos al mantenimiento de la Biblioteca Municipal de Candelaria, Atlántico.
Antes de morir, su mente se agitaba entre recuerdos reales e invenciones. Cuenta mi tío Álvaro que un día lo fue a visitar y le dijo:
--¿Ya te enteraste que nombraron a mi hijo Guido Mazenett de Embajador en Suecia? Lo escuché en la radio.... ¡Qué orgullo carajooooo!--
Guido Mazenett es un abogado prestante en Barranquilla, pero nunca ha pretendido ser Embajador. Mi tío, siguiéndole el juego, le contestó: --¿Cómo va a sé esa vaina? ¡Qué noticionononón!--
Otro día le salió con el cuento de que el político costeño Name Terán le había mandado $2.000.000, y que Sonia, su hija, la que tanto lo cuidó durante sus últimos días, se los había robado. Además de tratarla de "ratera", como dicen en la costa caribe colombiana, dijo que era amante del tal Name.
Pero, sin duda alguna, la historia que más me conmovió, por ser una persona amante de las Nuevas Tecnologías, fue la que le narró a su nieto Héctor José, estudiante en ese entonces de Ingenieria de Sistemas.
A "Mazze" le dio por no almorzar ni contestar llamado alguno. Después de estar encerrado por horas en su habitación y recordar con gritos y porrazos su época de juez, le dijo a su nieto después de que éste lo llamará para que almorzara:
--"No me molesten que me estoy conectando a Internet"--
--Abuelo y, ¿cómo te estás conectando?
--Silencio carajo que se cae la conexión--
Héctor no se quedó con la duda y comenzó a espiar a su abuelo. "Mazze" se conectaba a Internet después de darle tres golpecitos a una maleta vieja de cuero. Se acercaba a la maleta, colocaba su oreja muy cerca de ésta, le daba los tres golpecitos y se quedaba esperando, según él, la conexión.
"Mazze" murió hace dos años. Nunca se sentó frente a un computador, no gozó de las bondades de Internet, pero se conectó a su manera y tuvo la dicha de hablar del tema.
En Colombia, no sólo se olvida a los buenos músicos, a aquellos que entre necesidades componen los mejores sones y ritmos. Cuentan que el percusionista Pompilio Rodríguez Moreno, quien además de integrante y fundador de la orquesta de Pacho Galán, fue el responsable del ritmo del Merecumbé, murió sin un peso, pero con el anhelo de enseñarle a las nuevas generaciones música.
Su primera batería le costó $1.500. Le duro 50 años. "Antes duro demasiado... más de 50 años dándole clavo", decía. Antes de partir de este mundo, y viviendo en un completo olvido, le contó a Orlando Montenegro, director y editor de la revista Melómanos Documentos, que "no tenía ni siquiera facilidad para comprar un par de palitos".
Esta historia la repiten actualmente una buena cantidad de deportistas colombianos. Hoy, tuve la oportunidad de conocer al mejor parapentista de Colombia, y aunque su situación no parece ser tan caótica como la que vivió Pompilio Rodríguez hace apenas algunos años, estremece, sobre todo, por sus méritos.
Daniel Vallejo clasificó al próximo Mundial de Australia, que se realizará entre febrero y marzo del próximo año, evento que reune a los mejores 45 países, con una participación de 160 pilotos. Ya nos ha representado en tres mundiales, y lo mejor, le ha dedicado toda su vida a este deporte.
"Yo vivo del parapente hace muchos años, formando gente nueva, haciendo fotografía y publicidad aérea, exhibiciones...."
Le quedan menos de 60 días para partir y hoy con lo único que cuenta es con los $500.000 que le aporta la Federación Colombiana de Deportes Aéreos, que si acaso le alcanzan para pagar el impuesto de salida.
No ha podido conseguir ningún tipo de patrocinio, y sin temor a hacer señalamientos injustos, dice que los medios de comunicación sólo se enfocan en el fútbol, y que las empresas privadas utilizan únicamente este deporte como plataforma publicitaria.
En las mismas andan Orlando Duque, clavadista, siete veces campeón del mundo y Daniel Rincón, campeón latinoamericano de salto libre asistido.
Duele el olvido....
Rafael Arcángel Torné Escorcia no ha podido olvidar aquel pueblo que cercado por el río de sus amores se convirtió en su eterna primavera. Fue en Concordia, Magdalena, su cuna, donde este compositor e intérprete de la música tropical colombiana se enamoró perdidamente de la razón de su vida. "La música alegra el alma, el que no se alegra con la música está muerto".
Su padre, Nicolás Torné, talabartero de oficio, además de transmitir a su hijo un variado gusto por los instrumentos musicales, le inyectó la belleza y sensibilidad de la lírica, componentes necesarios para que en 'Rafa', como lo llaman sus amigos, perdurara por muchos años el don de la creación.Nacido un 9 de octubre del año 1933, este músico ha escrito más de cien canciones, 56 de las cuales hacen parte del anaquel de obras de la Sociedad de Autores y Compositores de Colombia, Sayco, y de la Asociación Colombiana de Intérpretes y Productores de Fonogramas, Acinpro.
Y aunque las regalías del año pasado, por concepto de Derechos de Autor, sólo aportaron al bolsillo de 'Rafa' $578.000, él nunca abandonará el pentagrama y su guitarra.
A los artistas que tengan más de 40 canciones grabadas y hayan cumplido 60 años de edad, y en conformidad con la calidad de sus composiciones, Sayco les da media pensión. "Figúrate tú, lo que yo recibo es un salario mínimo. El que crea que va a vivir de la música se muere de hambre", sentencia este hombre, que por 25 años fue secretario en un despacho judicial.
Cuando apenas tenía 11 años de edad su familia se trasladó a El Piñón, Magdalena. Atrás quedaron las garzas morenas jugueteando en la laguna de su tierra concordiana, su río Magdalena, y los juegos de aquellas niñas que con los años se convirtieron en mariposas bajadas del cielo. Llegarían otros momentos.
"Lo primero que hice al llegar a El Piñón fue conocerme con los músicos de allá. Estaba pelaito, recuerdo que ya ejecutaba la guitarra con todos sus tonos y no sabía ni qué tonos eran. En eso conocí a los Hermanos Martelo, y Carlos, uno de ellos, fue quien me enseñó a tocar", cuenta.
En el año 1948 emigró a Barranquilla, donde logró que sus composiciones fueran grabadas por reconocidas voces. Pacho Galán, Edmundo Arias, Pastor López, Alicia y su combo, Aníbal Velásquez, Alberto Pacheco, Morgan Blanco, entre otros, fueron seducidos por sus creaciones. "Cada canción tiene su historia y lo único que hago es contarla", dice.
Rafael Arcángel también grabó sus propias canciones. La mayoría de su música quedó registrada en seis añejos LP (Long Play), y gracias a que su hijo, Diego Torné Castro, se mueve fácilmente en el mundo del espectáculo, pudo tener entre sus manos dos discos compactos (CDs). En los años 70, sus ojos, ahora anegados por las cataratas, vieron su primera producción musical gracias al sello Tropical.
Sueña que compone
"En esa época escribías tus canciones y llegabas a la respectiva casa disquera a mostrar tu trabajo. Recuerdo que llevé a Tropical doce canciones, las dejé allá para que las examinaran y luego me llamaron al Juzgado para decirme que habían seleccionado once", cuenta.
San Isidro, el patrono de su pueblo y al que le canta con entusiasmo cada 15 de mayo, le hizo el milagro. "Sólo faltaba una canción y les presenté Tierra Concordiana, y figúrate tú, esa fue la que grabó Pacho Galán", recuerda con alegría mientras empieza a entonar la melodía.
"A mí me escogieron la música porque merecía grabarse, por su calidad y sin pagar un peso. Ahora resulta que si quieres producir algo tienes que pagar, por eso te graban lo que sea, cualquier porquería", apunta con su deje costeño, mientras agrega que por esa razón en la actualidad hay canciones bonitas pero muchas que no valen la pena.
Ya en Barranquilla conoció a Julio Erazo, compositor oriundo de El Guamo, Bolívar, autor de los sonados Compae Chemo y La Puya Guamalera, - la que alegra a las viejas casadas y solteras-. Junto con Erazo y Juancho Madrid, Rafael Arcángel entonó en más de una ocasión una de sus canciones inéditas, Boquita de Rosa.
"Ay que delirio es estar enamorado pero que lindo es tener amores, con el perfume que surge de las flores el corazón tenerlo perfumado ... Quiero tenerte negrita hermosa, sin tu cariño no viviré, esa boquita color de rosa quizás muy pronto la besaré".
En Boquita de Rosa, Julio Erazo lo acompaña con la guacharaca y le hace los coros. "Me conocí con Julio en el año setenta, fuimos muy amigos, él tenía una tienda en Bocas de Ceniza. Todos los sábados ensayábamos y por ahí derecho parrandeábamos", recuerda, entre risas.
En los casi 40 años que ha vivido en La Puerta de Oro de Colombia, 'Rafa' Torné ha fundido los cimientos de toda una familia de artistas, ocho hijos que siguen sus pasos, y dos mujeres que han servido de musa de inspiración para sus acordes. A su primera esposa, Maura Elena Castro, quien partió de este mundo ya hace siete años, le compuso con el alma despedazada Mi Guitarra Llora.
"Vivo con lágrimas a toda hora, me siento solo, no sé que hacer. Hasta mi guitarra llora por la partida de esa mujer ... Por qué te fuiste mujer querida dejando herido mi corazón. Haz destrozado mi vida sabiendo que eres mi adoración".
'Rafa' confiesa cantarle mucho al amor pero de forma generalizada. "Hay gente que se imagina que como uno es músico es enamorao y nunca me he valido de mis actuaciones para ser un Don Juan. He podido ....uhhh, me ha sobrado", relata.
A doña Argenida Tafur, la mujer que ocasionó que hace seis años retoñara el corazón del cantor, le compuso La Perniciosa. "A mi segunda mujer la he adornado con bellas composiciones, lo que pasa es que es muy celosa. Todos los domingos voy a visitar a mi primera esposa a su tumba y Geni cree que cojo pa' otro lado. Figúrate ... una vez me la encontré en la puerta del cementerio", cuenta.
Parece que La Perniciosa ha compaginado muy bien con las señoras de sus amigos. Tal es el caso de Isabel Lora, quien ofendida le mandó a decir con su esposo Álvaro Cabrales: "Dile a Rafa Torné que yo sí tengo que hacer".
"Le entregué con el alma mi querer y por ella yo he perdido mi tranquilidad. De que sirve que uno quiera a una mujer, que lo pasa día y noche...frega y frega. Ni siquiera me puedo mover cuando ya se me viene detrás. No sé que le pasa a mi mujer, es que no tiene nada que hacer".
Pero no sólo letras de amores y afectos emergen de sus partituras. A la mente de este compositor concordiano llegan constantemente ideas para crear. "Sueño mucho con mis composiciones. Me puedo inspirar de muchas cosas, de mi infancia, de la situación del país, de las historias de mi pueblo".
Cuenta 'Rafa' que en Mal Abrigo, como también es llamado su pueblo, se rumoraba que salía un espanto. Que Julito Ortega casi se muere cuando vio a aquel hombre de cara olluda. "Yo fui a preguntarle y Julito es un tipo serio, él me dijo: "Hombe si Rafa, ya yo tenía el burro amarrado para arrancar cuando vi al aparato que pasó por la cerca sin ni siquiera brincar, ni agacharse, la atravesó"", cuenta Torné. De esta historia nació El Espanto.
"No cojo ni que esté loco el camino a Mientrastanto, no quiero pasar un sofoco con ese maldito espanto. Julito corriendo vino, casi no podía ni hablar porque el hombre en el camino no lo dejaba pasar. Dicen que Nico lo vio cruzando por su potrero y en la carrera dejó las abarcas y el sombrero".
Al río Magdalena, a Concordia, a Barranquilla, a las mujeres, al porro, a Guillermo Buitrago, a la paz, a los espantos, y hasta a la vejez, le canta emocionado. Es así como exaltado dice: "Que uno esté viejo no quiere decir que el espíritu haya muerto". De este pensamiento nace 'Perro viejo ladra echao'.
"Yo no sé porque ciertos muchachitos se creen que siempre serán pelaos. Viven burlándose de los viejitos, ellos son los que ya están acabados. Lo que no saben esos bebitos es que perro viejo ladra echao. Hay viejitos que también son recocheros hasta con los galantes alborotados. Jugadores, bien gozones, parranderos, piroperos, gallos requete jugados. Y de remate muy mujeriegos porque perro viejo ladra echao".
Y es que una canción de Rafael Arcángel se parece a la otra. Por eso este músico asegura que ningún compositor le puede decir: "Esa canción se parece a la mía". "Cuando yo compongo una canción se la canto a mis hijos porque ellos tienen buen oído, y si me dicen que se parece a otra composición mía, inmediatamente la borro del pentagrama", puntualiza.
Un intérprete de varias líneas
Paseos, merengues, porros, sones, puyas, bullerengues, cumbias, boleros, pasillos y hasta vals hacen parte del repertorio de este intérprete, quien categóricamente afirma: "Yo no sé de dónde inventaron el cuento de 'paseo vallenato'. Por ejemplo, hay unos boleros que canta Poncho Zuleta, y les dicen 'paseo vallenato' porque los ejecutan con acordeón, eso no es así, simplemente son boleros".
Dice que el mismo José Barros, considerado uno de los mejores compositores de Colombia, critica las imprecisiones en el lenguaje musical. "Paseo es paseo, no hay porro barranquillero ni cartagenero, hay simplemente porro", explica.
'Rafa' Torné considera que el acordeón es un intrumento fino que lo han confundido con la bulla, difícil de dominar con maestría. "Para mí el mejor acordeonero que hay en la región es 'Chelito' de Castro. Ese hombre toca con gran destreza todos los tonos, mayores y menores, y eso no lo hace cualquiera", dice.
Y aunque admira el acordeón, su vida está atada a la guitarra, instrumento que según él lo acompañará hasta la muerte. "Yo puedo parrandear y amanecer cantando sin tomarme un trago porque uno con la guitarra se distrae. Si me la quitan, me duermo en medio de la fiesta".
En 70 años de vida no ha tenido que comprar una guitarra, todas se las han regalado. A sus amigos, aquellos que ha alegrado con el punteo de sus dedos y su amplia sonrisa, no les ha negado hasta hoy una composición. Con un "¡Hombe, 'Torné' házte una canción!", es suficiente.
No ha recibido hasta ahora un verdadero reconocimiento, como sucedió con su paisano concordiano, 'Juancho' Polo Valencia, autor de Alicia Adorada. Tampoco ocupan el patio de su casa los novillos que en tiempos idos recibía en forma de pago Abel Antonio Villa por sus interpretaciones.
No ha conocido la pedantería de muchos artistas famosos, pese a que ya no recuerda el número exacto de sus composiciones. "Ya no me acuerdo cuántas canciones he hecho", dice. Nada de esto le importa. "Lo que sí me ha dolido es la muerte de Vicente Barranco, mi compañero de canto por más de veinte años. Eso sí me tiene preocupao".
Discografía
- Boquita de Rosa: Paseo
- El espanto
- El tibucaimán - Porro
- Soy feliz
- Ritmo sin igual - Porro
- Los Guayacanes - Paseaito
- Mi decepción
- Trigueñita - Merengue
- Mi partida
- Tierra hermosa
- Mi cuna
- Un poquito de amor
- Queremos la paz
- Eterna primavera
- El moro
- Boquita azucarada
- Las chicas de mi tierra
- La Perniciosa
- Perro viejo ladra echao - Paseo
Rafael Arcángel Torné Escorcia fue por cinco años miembro del Comité de Vigilancia de Sayco y Acinpro. Asimismo, se ha desempeñado en varias ocasiones como delegado del departamento del Atlántico para representar los intereses musicales de esta región. Hoy, vive en Barranquilla.
Ojalá y no muera olvidado, como suele suceder con los hombres que más arte y alegría le han regalado a Colombia.
Como pude, viajé hasta San Lucido, un pueblito de unos 7.000 habitantes, ubicado al sur de Italia. Hace más de un siglo, un hombre aventurero llamado Pietro Fortunato Guida de Candia, mi bisabuelo, viajó hasta Colombia buscando nuevos horizontes. Ingresó a través del viejo muelle de Puerto Colombia, ubicado en el departamento del Atlántico. Unos dicen que llegó con los bolsillos vacios; otros refieren que con mucho dinero, el suficiente para comprar tierras ganaderas. Después de recorrer este departamento costero, se estableció en Candelaria, un pueblo caliente, "arrancao", como dice mi madre, pero en el que las historias constituyen su mayor patrimonio. Cien años después, me di la vuelta, y llegué hasta San Lucido, al punto de partida, a ese sitio pintoresco, colgado en la montaña, de calles empedradas y callejones sin salida, al lado del mar, de un color azul que nunca antes había visto: el Tirreno. Tomé un tren en Roma y, después de seis horas, una intensa brisa costera me dijo al oído que era la hora, que había llegado al pueblo del que tantas veces había escuchado, pero al que ni siquiera conocía en fotos. Y como la sangre llama y el destino confabula, aquel viaje me permitió conocer, sin proponérmelo, a dos mujeres hermosas. "Conozco donde viven unas de Candia, pruebe, pruebe", me dijo el barrendero del pueblo, al que conté con señales mi historia. Me llevó hasta el portón de la casa, ubicada en el centro histórico. Le dijo a una señora que por el balcón asomó su cabeza: "Aquí está la ragazza de la Colombia", y fue allí donde todo empezó. La alegría correteaba por mis poros, el haber llegado hasta Italia, a la tierra de mis ancestros, sintiéndome todo el tiempo acompañada por el recuerdo de mi abuela. Fue un momento hermoso. Ana María de Candia, profesora en Lenguas Modernas, por suerte, hablaba español. "Sube, quiero que me relates la historia". Ana María me miraba detenidamente, como buscando algo que le dijera: "Esta niña se me parece a ...", pero que va, si es que soy puro Cabrales. Luego, bajó Emilia a conocerme, Emilia de Candia, una señora de unos 74 años de edad, que tenía "mal della testa". En medio de una sala llena de retratos en blanco y negro, repasaban el árbol genealógico de la familia. "Pero tus tías tienen los nombres de las nuestras: Emilia, Rossina, Melida", y buscaban por un lado y por el otro. Ese día me invitaron a cenar. "Qué pesar, hubieras venido unos años antes, y la tía Mafalda, la que se sabe la historia completa de la familia, nos habría sacado de dudas". Así que salí de la casa, y llamé a mi tío Álvaro, el que también se sabe las ramas del famoso árbol. "Háblales de Amilkar y Geovanni Sposito Guida, los dos sobrinos de tu bisabuelo". "Mama mía", gritó Emilia cuando apenas terminaba de pronunciar los nombres. "La tía Mafalda hablaba todo el tiempo de ellos. Los que se fueron para las Américas", y fue en ese momento donde encontramos la conexión. Comí pizza italiana hecha en casa, tomé licores creados por sus amigas, me deleité con unas frituras especiales llamadas Criseroles y brindamos por nuestro encuentro. Empecé a verlas con otros ojos, y allí fue donde descubrí porqué tú, hermano Giancarlo, no te pareces ni a mi papá, ni a mi mamá, eres todo Candia y hasta saliste con los dientes de la tía abuela Emilia. Qué cosas tiene la sangre, qué cosas tiene la vida. Sin saberlo, viajé hasta San Lucido para conocerlas, porque ellas sólo estarían dos días en su casa de verano. Al día siguiente me despedí, les había escrito algo con la intención de que lo leyeran después de mi partida, pero qué va, Ana María se puso a leerlo en voz alta, haciendo la traducción simultánea al italiano para que escuchara Emilia. Lloré y lloré, luego me fui caminando, bordeando la muralla, pese a la insistencia de Ana de llevarme en la "sua maquina". Me quería despedir de San Lucido, caminándolo, viéndolo detalladamente, sintiéndolo, tomé las últimas fotos, y me dije: Tengo que volver, así como les digo a ustedes: tienen que ir.