Por los pesebres de Cali
Ayer me dí una pequeña ronda por algunos pesebres de Cali. Del barrio Flora al corregimiento Los Andes, en el sector rural de Cali, hay un abismo.
En La Flora, el pesebre brillaba por su perfección, sincronización, proporción y belleza estética. Cada detalle fue pensado milimétricamente. Las dos organizadoras, Bertha y Sonia olían rico. En el aire se respiraba un clima de pulcritud, aunque húmedo, tal vez por la presión que se siente, a veces, dentro de una Iglesia.
Ellas, muy animadas me contaron que para crear ese hermoso pesebre no tuvieron que hacer rifas ni bingos. Fueron suficientes los seis años de ahorro conseguidos a través de los fieles del templo Cristo Resucitado. Hasta ayudante tienen, uno que sabe de conexiones eléctricas e hidráulicas, y que no permite que se vean cables rodando por ahí, expuestos a la visión de los visitantes.
"Este pesebre es fiel a las tradiciones mijita. Usted aquí no va a ver aviones ni trenes en medio del desierto", dijo Bertha, "así como tampoco va a encontrar escaleras que no tienen principio ni fin, donde la gente tendría que arrojarse", complementó Sonia.
Y es cierto, era perfecto. Un pesebre así, de unos cinco metros de largo por seis de ancho, puede costar hasta 15 millones de pesos.
Pero más al oeste, después de los lujosos edificios donde viven los personajes más adinerados de Cali, y tras pasar el hermoso Zoológico con el que contamos, más allá del control de la Crema y Roja, hay una vereda llamada Los Andes, donde el panorama cambia de la tierra al cielo.
Allí, en la caseta comunal de Los Andes, décenas de niños y jóvenes, impulsados por el grupo de la Tercera Edad de ese sector, construyeron sin un peso, sólo con las ganas y unas vaquitas, galllinas y marranos, que pidieron de casa en casa, el pesebre más lindo de Cali, por lo menos, para mí.
"Casilda Fabiola Martínez, pa' servirle", fue el saludo inicial de la principal impulsora de El Paraíso, así lo llamaron, el único de los que visité que tenía nombre propio.
El Paraíso no es tan grande como muchos creen, tiene, si acaso, un metro de ancho por largo, y cerca a él se respira un aire a boñiga, a monte, a naturaleza.
Tiene muchos animales "porque este es un pesebre basado en el campo", dice Casilda, mientras me explica que todo "fue hecho a mano, nada comprado, ¿con qué plata mija?"
Sesenta niños van a diario a rezar la novena, al lado del pesebre, al que también le "metió" la mano, Liliana, Susana, Janeth, Diana, casi todos los de por ahí.
La lucecita que se asoma en el portal donde nacerá el Niño Jesús, fue hecha por el papá de Janeth, quien se gana la vida haciendo arreglos eléctricos. "Mija, apunte, eso es muy importante, porque aquí nadie cobró por nada y, tenga en cuenta, que si no ve a Jesús allí es porque no ha nacido. La mayoría lo pone antes".
Las casas fueron hechas en cartón reciclable porque "si los campesinos no cuidamos la naturaleza, mucho menos los de las ciudades", señala Casilda.
Arriba de El Paraíso estaba El País, más bien, retazos del periódico El País, que fueron empleados como base para pintar las estrellas, grandes, de un azul intenso.
Los niños estaban contentos, es que la gente "importante" casi no los visita. Al final, Casilda, hizo lo que los demás no. Me deseó una "Feliz Navidad". Definitivamente, de La Flora a Los Andes, hay un abismo.
Comments
Me dio mucho gusto encontrar tu blog. Por acá volveré. Saludos.