Por los niños de Colombia
Ayer asistí a la primera novena de mi familia. Fue en la casa de mi tia Fabiola, una de las tías mayores, la más consentidora de todas. Programamos la 'chiva' de este año, el amigo secreto y la fiesta del 24.
La de ayer fue muy particular. Mi prima Dufay, quien es docente en un reconocido colegio de Cali, fue la encargada de rezarla.
Pronunció frases que nunca habíamos escuchado, la oración a San José no era la tradicional, como tampoco la del Niño Jesús. Habló de violación de los derechos de los niños, y conto cómo algunas madres colombianas los maltratan, colocándoles las manos sobre una estufa caliente, cosa que es verdad.
Dio un sinúmero de cifras de niños abusados sexualmente y pidió que Dios ilumine a los padres para que guien y cuiden a sus hijos.
No faltó quien reclamara que esa no era la novena tradicional. "Dufay se enloqueció", "Esto qué es", "No me gustó esa novena", fueron algunas de las expresiones que se escucharon al lado del pesebre.
A mí me gustó. Las novenas se habían vuelto la repetidera de la repetidera. "!Oh Santísimo José, esposo de María y padre putativo de Jesús!..."
Y es que eso es lo que le falta a la Iglesia, renovarse, reinventarse, ponernos a pensar. De nada nos vale repetir y pedirle al Niño Dios por los divinos méritos de su infancia, si no hacemos algo para que los niños de Colombia puedan vivir dignamente sus primeros años de vida.
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