Palabras que encantan
Hace poco me compré unas pastillas para adelgazar. Me atacan los nervios y eso no me gusta. Me aceleran y me provocan una sed incontrolable. Lo hice, porque la mayoría de las veces, me siento gorda. El espejo y mis primas esculturales dicen que me sobran rollos en la barriga. Y estoy convencida que con estos brazos tan gordos, no debo usar blusas escotadas. Es más, creo que tengo invasión de celulitis.
De adolescente no me salieron tantos granitos en la cara, como los que tengo ahora. Y los dedos de los pies, lo único feo que le saque a mi mamá, porque ella es muy linda, son gordos y cabezones. Los de las manos me gustan más, aunque las uñas me crecen raras por habérmelas comido tanto.
Me gustan mis senos. La naturaleza fue bondadosa conmigo dándome un par que no se han caído mucho a pesar de los años. Percibo que soy una mujer inteligente, arriesgada, perseverante, visionaria, pero con un genio difícil. No todo puede ser color de rosa.
Por eso es mágico que alguien con quien has cruzado pocas palabras te escriba una carta diciéndote algunas cosas, vainas que pensabas que no inspirabas. Les comparto sólo un párrafo de éstas. Imagínense el resto:
¿No es tu cuerpo la más perfecta obra de arte, esculpida por el más diestro creador? ¿No es tu piel la creación de mayor perfección que la naturaleza haya dado en los largos años de historia humana? ¿No son los dedos de tus pies la mayor muestra de perfección, como la que utilizan los suizos en la fabricación de sus relojes? ¡Esos diminutos dedillos muestra de la más sana femineidad! Ese ingenio creativo, tan poco explotado por las personas de tu género, ¿no es una obra de arte comparable con los genios del renacimiento europeo? ¿Vuestros senos no yerguen como dos efemérides griegas invitando a la más desaforada bacanal dionisiaca? ¿Es difícil intuir la calidez y sencillez de tu campo de amor, donde el iracundo se doblega y el parco encuentra su mayor furor?...¿No son estos los argumentos para decir que el arte se vale por sí mismo como vuestra personalidad y vuestro cuerpo ante los embates de la cotidianidad?
Sí, desde hace mucho tiempo he deseado decirte todas estas palabras pero el temor a ganarme un insulto me lo ha impedido.