"Cuando el camino se pone difícil ¡los que luchan tienen que luchar más! ¡Mucha lucha!"
Valentina tiene 14 años. Le han dicho que tiene algo que, desde que nos dimos cuenta, no nombramos: enfrentamos. La amamos profundamente. Ojos grandes, expresivos, saltarines, inquietos. Tez morena que encanta, así de pequeña se preguntara por qué no blanca. Independiente, toca el violín, también la flauta. Hace postres y tortas aprendidas en la clase de pastelería de su colegio.
Amante de los misterios del océano, como yo. Menos miedosa y más arriesgada. ¿Te da miedo tirarte al agua?, me preguntaba con voz burlona.
Ahora tú no tengas miedo. Ahora no Valen. ¡Aguanta!
Él es Francisco Rodriguez, pero no Rodriguez de los Orejuela. Pegaba ladrillos en algún lugar de Estados Unidos para ganarse la vida, o por lo menos, para hacérsela más amable. Pegaba bloques en un lugar exclusivo. Decía: - Oiga hermano, esto nunca lo había visto en la vida: mujeres, niños, niñas y hombres desnudos que cruzaban las piernas y hablaban como "si nada".
-"Usted no ha visto nada", le respondía quien lo contrató.
Suena una canción llamada Borrachera. Vuelvo a vacaciones de amor, de inmigrantes. Suena Lupita. Y también "Cállate corazón, cállate corazón no llores, cállate corazón no digas nada"....
Mujer
Cabralita dice:
Hombre
Oliveiro dice:
Una palabra
Oliveiro dice:
Una palabra no dice nada
y al mismo tiempo lo esconde todo
igual que el viento que esconde el agua
como las flores que esconde el lodo.
Oliveiro dice:
Una mirada no dice nada
y al mismo tiempo lo dice todo
como la lluvia sobre tu cara
o el viejo mapa de algún tesoro.
Oliveiro dice:
Una verdad no dice nada
y al mismo tiempo lo esconde todo
como una hoguera que no se apaga
como una piedra que nace polvo.
Oliveiro dice:
Si un día me faltas no seré nada
y al mismo tiempo lo seré todo
porque en tus ojos están mis alas
y está la orilla donde me ahogo,
porque en tus ojos están mis alas
y está la orilla donde me ahogo.
Cuatro, nos habían pronosticado cuatro, pero llegaron seis, un día seis. Antes de tenerlos, Lolita se paseaba por la casa buscando su mejor nido. Un día la encontramos detrás de la lavadora. Pensé que se estaba enloqueciendo, aunque cara de desquiciada si tenía.
Parecía reventarse y comía el doble de lo acostumbrado. Su embarazo fue producto de una violación, en medio de un paseo a Playa Mendoza, en el Atlántico. Su madre putativa, que es mi verdadera madre, la descuidó, y en medio de su acaloramiento terminó siendo el bocado de varios caninos. El señor Juancho, vecino de toda la vida en Barranquilla, fue quien dio testimonio del hecho.
Dice que no se acuerda si los pretendientes merecían la virginidad de Lolita. Llegó tarde a espantarlos.
Nunca había sido testigo de un parto. La verdad es que con Lolita tampoco lo fui. De tanto mirarla, le estábamos espantando las ganas de parir sus hijos y decidimos dejarla sola como recomendó la veterinaria.
Asustadas por no saber si nuestra pequeña Shitsu podría sola y recordando constantemente la frase de mi tía Emma, quien le auguró la peor de las suertes a su propia Pincher, después de que ésta tuviese relaciones con un perro más grande que ella: "Ojona, te aseguraste la muerte", decidimos dejarla sola en la bañera casi nueva que alguien tiró en la basura.
A eso de las 4:00 de la madrugada del 6 de enero, mi tía Luzmila nos despertó con un suave "Ya hay perritos". Salimos despavoridas a verla. Uno, dos, tres, cuatro, cinco... mierda cinco perritos y medio, porque tenía uno atorado todavía en la vagina.
Y pese a que nos habían dicho que mejor no la dejáramos sola, que había que cortarle el cordón a los perritos, que soplarles en la boca, que presionarlos un poco para que les saliera no sé que líquido, Lolita, sola, sin ayuda de nadie, trajo seis perritos al mundo.
Cuando llegamos ya los tenía limpios, y solo uno, el último, hubo que medio moverlo porque después de horas parecía muerto.
Entre risas, las madres de mi familia, recordaron que tener hijos es tremendo trabajo, sin importar si se es perra o vaca. "¿Qué si tenemos cara de locas?". Por supuesto, respondió Vicky, quien rememoró el rostro que tenía el día que dio a luz a su hija Valentina. "No veía la hora de que me la sacaran". "Yo le pegué un empujón al médico. Terminamos peleando", dijo mi tía Luzmila.
Mi madre agregó que el parto no es nada. "Los cuidados que hay que tener después", y recordó que en medio de su inexperiencia colocó a mi hermano mayor en una mesita. "Estaba mamada y se me olvidó. Al rato escuché un grito".
Y ahí sigue Lolita, medio loquita. Dándole de comer a sus hijos. De vez en cuando, salta de la bañera sin percatarse que los hijos están pegados de una de sus tetas. Eso si, que no se le acerquen mucho a sus perritos. Los defiende con el derecho que le dio la vida de tenerlos en su vientre y traerlos al mundo después de tantos sufrimientos.
Pensé mucho antes de escribir estas líneas que siguen. Tomé la decisión de hacerlo porque como mujer periodista amante de la red y las relaciones constructivas que se tejen en ella, siento la necesidad de hacerlo. Escribo como Renata Cabrales, y esa es mi primera aclaración. No lo hago como reportera o editora de la página web del diario El País. Creo, como todos los que opinaron sobre el caso de la omisión del crédito en la fotografía de “Mariacecita”, tomada por El País de su espacio en Flickr, que tengo derecho a expresarme. Pero también el deber de hacerlo “constructivamente”, como sugiero que deberíamos actuar todos los bloggers, no solo de Cali, sino del mundo entero. Veo un claro desconocimiento o ignorancia de algunos colaboradores de El País, en lo que se refiere a las licencias Creative Commons. Y lo único que me atrevo a decir es que es un tema que les preocupa. Tanto así que en días pasados rodaron comunicados sobre el tema. Las preocupaciones y voces de protesta por el error cometido por El País son apenas justas. Sientan un precedente claro del desconocimiento que hay sobre la temática, y diría que no únicamente en licencias CC, sino en muchísimos aspectos más que se mueven en la red, y no sólo en El País, sino en distintos medios de comunicación del mundo.
Todos, en algún momento nos hemos equivocado en nuestras actuaciones en la red. Lo hizo The Guardian, al publicar un post dando por hecho que lo había escrito Carlos Gaviria, del PDA, lo cual resultó falso y motivó una discusión política en Colombia. Lo peor, se equivocó y no lo corrigió. Simplemente eliminó el link del post. Lo han hecho grandes imperios como Youtube, cuando al darse cuenta que un estudiante mató a ocho personas en una escuela en Finlandia, bajó inmediatamente el video y luego eliminó la cuenta del joven, que desde hacía varios meses venía subiendo fragmentos audiovisuales donde mostraba sus deseos racistas de aniquilar medio mundo. Todos tenemos derecho a fortalecer nuestros pensamientos e ideas en la red, pero ¿qué tan responsables estamos siendo al hacerlo? Creo que era apenas justo que en el caso de “Mariacecita” se levantara una voz de protesta, y que bloggers como Carlos Caicedo explicaran detalladamente sobre las licencias en cuestión. Y que el autor o autora de un blog como cafeguaguau.com subiera tan instructivo y creativo video sobre las licencias, que no sólo educa a El País, sino a muchos medios del mundo. También que desde un inicio bloggers como Vic407, Ranaberden, Irenishii (con un blog en El Tiempo), entre otros, y la misma Mariacecita, lo hicieran a la altura, con decencia, indignados, pero siempre en buenos términos. Muy acertada la frase de Ranaberden afirmando que era “lamentable que los últimos en enterarse de que existen licencias que protegen los derechos de autor sean los medios de comunicación”. Así como también la de Mariacecita aclarando que lo que quiere “es que esto se convierta en algo lúdico”, no en el “memorial de agravios” que parece que alcanzó a redactar un blogger. Agregando que su intención “nunca ha sido $$$”. De resaltar también la posición de Víctor Solano, quien hizo un detallado seguimiento al caso y expuso importantes reflexiones al respecto, diciendo que “la lesión tampoco la sufre El País, sino todo el país, todos los medios que deben erigirse como modelo a seguir”. Destaco además un llamado de atención que el comunicador Solano le hizo a “Sandunga”, quien agredió a otro usuario de su blog, diciéndole que “Canadá debería incrementar los controles para evitar que descerebrados como alias schlecter/señor oscuro/scaramanga/marioneta, y demás personalidades psicóticas de este imbecil parásito, ingrese a uno de los mejores países del mundo”. Todos los que amamos la red y nos apropiamos de ella, sabemos que hay de todo, “como en la viña del Señor”.
“Lo que hay que hacer es joderle la vida a El País”, afirmó 'juanfer2k'. Atrás no se quedó 'de do pingue’ que agregó “muchos hampones. Sigue la ‘hamponería’ editorial”.
David Marín lo catalogó categóricamente como un “robo”. Y ni que decir de ‘die9ol’ que les dijo “muchos doble hp's”.
El trabajo en un medio de comunicación es bastante acelerado y estresante, y muchas veces sus colaboradores publican sus informaciones, como afirma el académico Ramón Salaverría, "más preocupados por el reloj que por la verdad y el diccionario"; en este caso, que por las licencias CC, lo cual no los excluye de su error.
Creo que quienes han trabajado en medios lo han vivido. Que lo diga mi amiga Molly Parker que hasta hace algunos días trabajó casualmente en El País, y además, estaba enterada del desconocimiento de algunos diseñadores del impreso sobre licencias Creative Commons.
El País asumió su error a través de un comunicado. Rectificó un día después, pero lo hizo. No sé si su respuesta sea “estupida”, como lo afirmó 'nirvanaheart'.
Aquí lo importante y es mi llamado de atención, es que los medios de comunicación entiendan que se deben respetar y valorar, no sólo las licencias Creative Commons, sino todas las manifestaciones constructivas que envuelven la red, que juntos, bloggers y medios, podemos formar un “buen matrimonio”, basado en el conocimiento y las ideas creativas.
Que nos necesitamos los unos de los otros. Que los dos, trabajando con compromiso y responsabilidad, podemos construir una sociedad más incluyente, más participativa, en la que todos, por poca o mucha experiencia que tengamos, siempre, en algún momento de nuestras vidas tendremos algo que aportar.
Aprovecho otra frase de Víctor Solano para cerrar mi reflexión: “Miren los créditos de las fotos 1, 2 y 3. Hay más, pero con esto es suficiente”. ¿Verdad que si Molly?
Compañeros, debemos aprender a saber cuándo es suficiente, tomar un respiro y autoregularnos, porque como dice el blogger español José Luis Orihuela, a quien cité en una ponencia que hice recientemente en México sobre censura y libertad de expresión: “si no somos capaces de asumir que la escritura pública y la vida en las comunidades en línea conllevan responsabilidades, no faltara quien venga desde fuera con la intención de imponer una norma, que desde luego, no nos traerá más libertad”.
José Luis esperaba el turno de su ponencia. Y aunque no me acuerdo de qué hablábamos, tomé distancia cuando se acercó Stephen. Y fue en ese momento, en el que no sentía que tuviera algo valioso que decir o hacer, cuando vi a Socorro Mendoza Aguirre.
Sola, frente a su mesa y un ramillete de libros de la editorial Plenitud, esperaba con ansias que alguien se le acercara. Su pequeño 'stand' parecía no haberse ganado el honor de estar entre los 'mejores'. Planeta, Pearson, Santillana, entre muchas más, se situaban muy lejos de su vista, la misma que Socorro fue perdiendo con el correr de los años.
Con sus 80 encima no le tiene miedo a nada, mucho menos a la oscuridad en la que vive y en la que mínimamente ve figuras de gente que viene y que va.
Más de seis títulos hacen parte de su producción literaria, la que empezó a construir a los 14 años. Química Farmacóloga de profesión, con más de 60 diplomados cursados, se pegó de la poesía como una forma de transmitir la alegría y la pasión que siente por la vida.
Ella que no siente tristeza por nada, y que pareció sentir la mía, me contó que con una mano presiona el teclado del computador, mientras que con la otra sostiene una ultra lupa, con la que apenas alcanza a ver las letras.
Le compré su última publicación 'Una luz entre la oscuridad'. ¿Desea que se la firme señorita?, me dijo repleta de emoción.
"Espero que al leer este libro, encuentre la felicidad, la alegría y la dicha que todos merecemos". Para escribir la dedicatoria recibió la ayuda de la joven que entregaba equipos de traducción a cambio de tarjetas de identificación durante el III Congreso Internacional de Periodistas.
"No ve nada, únicamente sombras", me recalcó la ayudante que se consiguió.
Socorro Mendoza Aguirre no atrae seguidores a punta de firmas, tampoco goza de la fama y estrategias de promoción que grandes editoriales brindan a autores como Héctor Abad, Germán Castro Caycedo, Laura Restrepo y Alfredo Molano.
Ella, desde su rincón, con un vestido que parece un jardín y frente a una mesa de mantel rojo, pide que cualquiera le lea un "pedacito" de sus poemas. "¿Cuántos misterios encierra la noche?, le leí. ¿Cuántos secretos trata de ocultar?, me respondió.
Un alumno mata a ocho personas en un colegio en Finlandia tras anunciarlo en YouTube
Un alumno de 18 años, armado con una pistola ha causado una matanza en
un instituto de la ciudad finlandesa de Tuusula. El estudiante la ha
emprendido a tiros en un aula y luego por todo el centro, matando a
ocho personas e hiriendo a varias más. Luego ha intentado suicidarse y
se encuentra en estado crítico.
Se da la circunstancia de que el asesino había avisado horas antes de
lo que iba a hacer en la página web de vídeos YouTube, donde había
colgado un vídeo en el que se podía ver una foto del instituto que se
rasgaba para dar paso a una foto teñida de rojo en la que un hombre, al
parecer el chico, apunta a la cámara con una pistola. El vídeo había
sido colgado bajo el seudónimo de Strumgeist89. Sturmgeist es una palabra alemana que significa "el espíritu de la tormenta".
La noticia nos llega desde muy lejos y parece no afectarnos. ¿Estamos seguro de eso? No lo estaría tanto, pues esa misma situación puede repetirse en Cali, Madrid o Washington en las próximas dos semanas o, lo que es peor, mientras escribo en este blog.
El poder que tiene internet parece pasar desapercibido para muchos ciudadanos, gobiernos, colegios, universidades, medios de comunicación. ¿Qué nos importa? ¿Qué estamos haciendo? ¿Lo estamos reflexionando? ¿Lo hemos siquiera discutiendo? También parece que no mucho.
Hago una invitación a los jóvenes, a los académicos, a los funcionarios de gobiernos de todo el mundo para que nos sentemos a hablar de internet. La solución no puede ser cerrar los blogs, anular un link (como presumo que lo hizo Youtube cuando se dio cuenta de la masacre cometida por el joven y supuestamente anunciada a través de un video colgado en su página), filtrar, habilitar, callar.
No sé cuál será la solución pero, por lo menos, tenemos que darnos la oportunidad de hablarlo y buscar soluciones.
¿Para qué muros si siempre tendremos necesidad del otro?
Tenía tan abandonado mi blog, pero trataré de actualizarlo un poco más. Va una columna que escribí sobre el tratamiento que los periodistas le hemos dado al cubrimiento de la entrega de los cuerpos de los once ex diputados del Valle asesinados en cautiverio.
Soy periodista, esa es mi misión en la vida. Y de todo lo que vivo en este oficio trato de aprender y compartir. No quiero darles cátedra. No. Sólo quiero reflexionar sobre lo irresponsables que podemos ser.
La entrega de los once cuerpos de los ex diputados asesinados en cautiverio ha generado todo tipo de informaciones. Unas producidas por las mismas Farc en las que reconocieron que fallaron en la custodia de los secuestrados, al tiempo que reiteraron su voluntad de entregar los restos a la mayor brevedad posible. Otras, difundidas por los familiares en las que señalaron que "aunque el proceso sea largo, necesitamos los cuerpos para hacer nuestro duelo".
Pero, finalmente, y las que ocupan esta reflexión, son las que lanzaron a los medios y sus periodistas en una afanosa maratón para cubrir hasta el último detalle del hecho: las originadas por el propio Presidente de la República, en las que afirmó que las Farc devolverían los restos mortales el pasado sábado en Corinto, Cauca, pese a que lo acordado con la Cruz Roja Internacional, Cicr, era que primero se enterarían los familiares para no tener que darse cuenta por los medios. Primer error.
Fue así como en Corinto, el fin de semana pasado, no cabía un periodista más. La oferta hotelera no dio abasto. A más de uno le tocó dormir en colchonetas tiradas en el piso, en la sala del hotel o sobre una cama de cemento como lo hice yo, y aclaro que no me quejo por ello. Los periodistas debemos estar preparados para dormir en medio del barro y bajo la lluvia, tanto como para hacerlo en un lujoso hotel cinco estrellas.
Lo que me tiene indignada es la forma como todos, incluyéndome, hemos querido dar una noticia donde no la hay, y lo que es peor, contribuir tal vez en un nuevo tropiezo en la entrega de los cuerpos de los asambleístas, como si ya no fuera suficiente con todo lo que han tenido que vivir las familias.
Insistimos, insistimos e insistimos, y no medimos las consecuencias de nuestros actos. Ni siquiera nos hizo reflexionar el susto que pasamos el pasado sábado, cuando se nos dio por buscar un supuesto camión blanco en la vereda Monterredondo, zona rural de Miranda, Cauca, el cual había sido abandonado con unos cuerpos en su interior, según informó una fuente confidencial a un colega.
¿Y es que acaso nuestra misión es recuperar los cadáveres? ¿Por qué si existe un organismo internacional autorizado para recibir los cuerpos, tenemos que entrometernos nosotros? Sé que uno de nuestros deberes es estar allí para construir historias que sirvan de memoria. Pero una cosa muy distinta es registrar la noticia de la entrega de los cuerpos a los familiares, y otra, ir a verificar si unos cuerpos abandonados en un camión pertenecen a los ex diputados. Qué irresponsables somos.
Y si lo que hicimos ese día fue una irresponsabilidad, lo que pretendían hacer algunos periodistas la noche anterior buscando el supuesto camión a eso de las 7:00 p.m. era una locura. Hubo unos más prudentes y otros más arriesgados que, gracias a Dios, no llegaron sino hasta la salida de Miranda.
Aún recuerdo con satisfacción los gritos de uno de nuestros colegas: “No voy a ir a esta hora. Dígale a "María" que se puede parar en las pestañas. Prefiero ser un periodista 'chiviado' a un periodista muerto”.
Sin embargo, insistimos al día siguiente. Por eso nos pasó lo que nos pasó. Por eso nos salieron unos guerrilleros, caídos de la borrachera, diciéndonos: "Están buscando lo que no se les ha perdido" y "matemos a todos estos hijuetantas". Y no es que no resista situaciones de presión. Es que aún hoy tengo ‘piedra’ de mí misma por aceptar hacer parte de una misión que para nada fue periodística. Y aún hoy me indigna cómo los medios siguen manejando esto.
Y seguimos siendo irresponsables. Tanto los medios, que piden vehementemente a sus periodistas ir tras la ‘chiva’, como quienes exigen al Cicr información donde no la hay. Haciendo la sin noticia. ¿No será que a veces es mejor esperar y respetar el silencio?
Ocho horas. Ese fue el tiempo que tuvieron los familiares de los once hombres que un día perdieron su libertad por cuenta de las Farc para pensar, imaginar, anhelar y desgarrarse en llanto por la presunta muerte de sus seres queridos, pero jamás para concebir la idea de recibir sus cadáveres entre tablas.
Hoy mismo, Laurita, la hija del ex diputado Carlos Alberto Charry, estaba lista para graduarse de bachiller. No para desmayarse una vez más porque la pena por la pérdida fue tan grande que, como en otras ocasiones, la dejó inconsciente en el piso.
Todos querían saber la verdad y estiraron las esperanzas tanto como pudieron. En la casa de la esposa de Juan Carlos Narváez, ubicada al sur de Cali, la imaginación se confundía con la realidad. "No ha pasado nada", decía muy decidida Daniela, su hija de 7 años. "La niña lo está negando", contaba entre lamentos una amiga de la familia.
"Mi hermano para nosotros era, no, es, hasta que no me muestren su cadáver, un ser maravilloso, el eje de la familia", destacaba Diego, hermano del ex diputado Alberto Quintero. Ruby Jaramillo llegó aún de madrugada y sin saber si era, apropiado o no, decirles una verdad a media a sus hijos. "Manuel Alejandro le iba a contar hoy a su padre que quedó entre los cinco primeros lugares como estudiante de Medicina".
Sino fuera por la hora en la que se enteraron de la noticia, cualquier desprevenido pensaría que en la terraza de la casa B1 había fiesta. Pero no. Los abrazos no eran de felicidad, y los gritos, mucho menos de euforia. No había lugar por donde no rodara una lagrima. Hasta 'Mini', la 'french puddle' a la que Daniela anhelaba mostrarle algún día a su padre Juan Carlos Narváez, se paseaba sin descanso por la sala, la cocina y el comedor.
A oscuras y abadonados. De la 1:00 a las 9:00 de la mañana nada logró encender de lleno las ilusiones de los familiares de los ex diputados. Cerca a las 7:00 y con la casa atiborrada de flashes, micrófonos y videocámaras, que una vez más mostraron lo público que puede ser el dolor, el alcalde de Cali, Ramiro Tafur, escuchó de la voz quebrada de Fabiola Perdomo "lo duro que es esto". "Necesitamos confirmar cuanto antes la noticia. Ellos nunca perdieron la esperanza de recibir vivos a sus seres queridos", expresó Tafur.
Gaby Cristina Sánchez, esposa de Carlos Alberto Charry, con quien cumplió recientemente 28 años de matrimonio, siempre se mostró como un roble. "Tanto el Gobierno como las Farc tienen responsabilidad en esto tan doloroso. Todo el tiempo estuvieron midiendo sus fuerzas de poder y jamás se pusieron en los zapatos de los familiares de los secuestrados". Por el contrario, Laurita, su hija, culpó de todo a las Farc. "Son ellos los que se llevaron a mi papá", dijo, mientras clavaba sus ojos fijamente en algún lugar indescriptible.
Entre la maraña de acusaciones contra una parte y otra, Álvaro Leyva fue uno de los nombres que más sonó. "Siempre creímos en sus gestiones, quería y luchaba por el Acuerdo Humanitario. Hizo todo para devolvernos a nuestros esposos con vida", se oyó decir a quienes por cinco años fueron padres y madres, unidas por la misma tortura, como la que ahora atravieza Patricia Nieto, sin saber qué será de la suerte de su marido, el que según las Farc, fue el único sobreviviente del fuego cruzado en el que fallecieron los once ex diputados.
Mientras sube las gradas para encontrarse con un tumulto de dolor, y en medio de sentimientos encontrados, le envía bendiciones a Sigifredo en donde quiera que esté. "No siento alegría en mi corazón. Me agobia el mismo dolor de todos porque somos una sola familia".
Ramiro Echeverry, 'el negro' que más quería su padre, no quiere que la muerte de los ex diputados sea en vano. "Ojalá este suceso garantice la libertad de los demás secuestrados", explicó con un gesto de resignación. Para Ana Milena, su madre, el consuelo es poco. Lejos del llanto de todos, prefirió ahogarse en el suyo propio, sentada en una silla blanca, ubicada en la parte de abajo de la casa.
Gritos y porqués. Cerca de las 9:00 de la mañana, una llamada a través del celular de Fabiola Perdomo, auguró la confesión de un secreto que inicialmente sólo pareció ser para tres. Un cruce de miradas entre ella, Gaby y Patricia, acompañado de una invitación a pasar al tercer piso de la casa, sembró un frío de sepultura en el ambiente. Mientras subían, la tensión en el segundo piso aumentaba.
El murmullo de una emisora puso a varios reporteros gráficos a decir lo que los familiares se negaron a aceptar: la confirmación de la muerte de los once ex diputados de parte de las Farc.
Me quedé fría, como estuve casi todo el tiempo. El aumento del volumen sacó del lugar indescriptible en el que estaba a Laurita, la 'menorcita' de Carlos Alberto Charry, y que hoy recibe su grado de bachiller.
Sentada en una silla, metió un grito de muerte y cayó desmayada con su cabeza hacia atrás. Los flashes y videocámaras se lanzaron frente a ella. Dios, no sé cómo pude ver entre tanta gente una botella de alcohol. "Respira nena", le dije, mientras le bañaba la nariz y la frente. Mi compañera Natalia corrió a buscarle agua, pero nuevamente los flashes le obstaculizaron el paso.
Halones de cabello y más llanto. "Por qué mi hijo Dios si era lo que más quería", decía la madre de Carlos Alberto Charry, mientras se desvanecía. En el cuarto de Daniela Narváez la escena no pudo ser más devastadora: "Daniela, te necesito", entró gritando a la habitación su madre Fabiola. "Nos hemos quedados solas".
Nelly de Narváez se aferró a la foto de su hijo. "No puede ser, yo que tanto le pedí a mi Dios", decía llorando mientras se cogía la cabeza, en señal de que parecía partirsele en dos.
Con esta noticia, atrás quedaron los días en los que familiares
armaban árboles y repartían regalos de Navidad para seres amados pero
invisibles, en los que escribían mensajes de amor en el diario. Ya no
tienen a quien esperar. En ocho horas todo quedó en blanco.
Eso es verdad, ya ni dejan en paz a las pobres palomitas... Que tristeza. read more
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